El pasado año terminé con poco más de 70 especies identificadas, lo que no esta nada mal dado que, desde que empecé con el registro de especies anuales, ha ido aumentando el número poco a poco. Imagino que esto es debido a que me he ido "picando" en hacer escapadas para intentar ver aves y, sobre todo, en que voy cogiendo experiencia en la identificación.
2019 empezó de una manera bastante espectacular si lo comparamos con 2018. Y es que este año he empezado con más de 25 especies en los tres primeros días de enero, antes del día 15 ya llevaba 40 y a final de mes alcancé las 50 especies, muchas de ellas en la zona de las marismas de Raos. Supongo que el frío de los primeros días de enero ayudó a que varias especies estuvieran aún en la marisma y en la bahía en vez de haberse desplazado cuando fui por la zona.
Además, y como curiosidad, en enero encontré a la venta la novela de la película "El Gran Año", que ni sabía que existía. No es exactamente igual que la película (de hecho los protagonistas tienen otros nombres), pero me ha gustado, es entretenida de leer y dado que está basada en las notas de los personajes reales, he aprendido algunas cosas interesantes.
Evidentemente era poco probable que el ritmo de observaciones se mantuviera así de bien y en febrero apenas he visto nada nuevo, aunque a principios de marzo en una visita al parque de las dunas de Liencres disfruté de un pico picapinos durante un buen rato. Incluso llegué a fotografiarlo.
En abril estuve cinco días en Francia, y en el camino y en París vi algunas especies interesantes: muchas grajas en las estaciones de servicio, un elanio azul en vuelo y en los Jardines de Luxemburgo una cotorra de Kramer. Evidentemente no cuentan para el listado por ser fuera de España, pero me gustó ver especialmente las grajas, que en mi zona no las hay y nunca había visto.
La noche del 10 de Julio, prácticamente a mitad de año, creí que podría alcanzar las 72 especies, las mismas que el año pasado, pero no fue así. Estando ya acostado oí el reclamo de una rapaz nocturna y salí al balcón. En el tejado de la derecha había una pequeña rapaz cantando, pero no reconocí el reclamo y me costó identificarlo claramente con la poca luz, aunque pude ver su pequeño tamaño y, para ponérmelo mas fácil, mi amigo el mochuelo estaba en el tejado de enfrente mirando con mucho interés y ululando por lo bajo, así que la referencia del tamaño estaba muy clara, era otro mochuelo, aunque su reclamo era algo extraño y por eso no lo reconocí y pensé que podría ser un autillo. Supongo que era una pareja, aunque la época de reproducción ya había pasado. Quizá era un adulto llamando a un pollo para que se echara a volar.
En todo caso tendría que esperar un mes aún para alcanzar las 72 especies, que sería curiosamente con otra rapaz nocturna, un Cárabo común, especie que nunca había visto. Apareció volando sobre nosotros durante una cena familiar en una casa rural y se posó en el árbol justo sobre nuestras cabezas.
Pero no me quedé en esas 72 especies, aunque desde Agosto no he podido escaparme ni una sola vez a ver pájaros y no he tenido ningún encuentro fortuito, a principios de Diciembre me acerqué a Santillana del Mar a visitar el zoo. Es uno de mis sitios habituales para localizar avifauna, ya que suelen aprovechar lo que se da de comer a los animales del zoo. En esa visita localicé en vuelo mis dos últimas especies del año. La primera fue un tarro blanco. Es muy frecuente que muchas anátidas salvajes visiten las instalaciones y se queden con los que están allí cautivos, pero solo se pueden diferenciar si no llevan anilla y si salen volando, y esta vez tuve la suerte de ver uno en vuelo que estaba aterrizando y que no llevaba anilla y además, un zorzal charlo comiendo lombrices.
En total he podido ver 74 especies diferentes, pero he disfrutado y aprendido mucho.
¡A ver qué me depara el 2020 en cuestión de pájaros!
No hay comentarios:
Publicar un comentario