A veces los animales hacen cosas que me sorprenden. Hace unos meses me encontré un huevo de Agapornis lilianae en el comedero. La hembra (primeriza) se había puesto a incubar ahí mismo, cosa que no podía ser, claro. Así que les puse una caja nido con el huevo dentro y esperé a ver si entraba en él, pero no le hizo ni caso. Un par de días mas tarde, donde estaba el comedero, decidí poner el huevo en un nido abierto de los usados para canarios, dado que la hembra había decidido incubar en un comedero eso sería lo más parecido... pero tampoco le hizo caso y abandonó el huevo sin más.
Lo cierto es que, entre unas cosas y otras, me olvidé de quitar el nido, y a finales de marzo me he sorprendido al ver a la hembra en el nido. Se asustó al verme y se alejó del nido dejando a la vista dos hermosos huevos.

Como se ha dado la casualidad de que unos pocos días antes los Agapornis nigrigenis me pusieron un huevo en el suelo y, al igual que esta hembra, han ignorado el nido que les he puesto, he aprovechado para poner en el nido el huevo de esta otra especie. Le he marcado para asegurarme de que el pollo que naciera era de una u otra especie. No es un asunto menor saber de qué especie es el pollo, dado que ambas especies son CITES II pero desde Febrero de 2018 sólo es obligatorio el registro de una de ellas, la Agapornis lilianae, así que hay que estar seguros... Sin embargo al final no hizo falta. Una semana mas tarde he visto que le hembra tenía nada menos que 7 huevos en el nido: 5 huevos propios, además del viejo y el de los Agapornis nigrigenis. Como me pareció demasiado y ya estaba incubando desde hacía bastante tiempo, saqué el ovoscopio y me puse a comprobar los huevos. Para mi sorpresa uno tenía venas, así que devolví al nido todos los huevos excepto el de Agapornis nigrigenis porque estaba picado y por tanto estropeado (aparte que no tenía crecimiento).
Veremos si nace algo o no.
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