Y es que esta es sin duda alguna una inclusión muy polémica, especialmente dado que no se ha hecho con unanimidad y porque el criterio aplicado no ha sido demasiado claro. Las comunidades autónomas donde hay más del 90% de la población del lobo han votado en contra de que sea una especie protegida y, por tanto, deje de ser especie cinegética. Asturias, Cantabria y Castilla y León aducen, y con mucha razón, que su opinión sobre el tema debería ser tenida en consideración, dado que son ellos quiénes sufren las consecuencias de compartir el medio rural con el lobo.
Los lobos viven en manadas jerárquicas de entre cinco y diez miembros, esta cifra varía, por la cantidad de alimento que haya en su territorio.
Ambos sexos cuentan con su propia jerarquía. Los individuos que ocupan la posición más alta dentro de ésta se denominan individuos "Alfa", los siguientes "Beta", y así sucesivamente. Los que ocupan la posición más baja se conocen como "Omega". Dentro de la dinámica de la jerarquía se presentan situaciones en las que un individuo reta a otro de posición superior por razones alimentarias o reproductivas (ya que la jerarquía gobierna también estos aspectos de la vida del lobo). Según algunos estudios (Rodríguez de la Fuente) existe una fuerte tendencia a la monogamia en las parejas de lobos. De hecho, dentro de la doble jerarquía de los lobos (la masculina y la femenina), la pareja reproductora de la manada es la dominante, es decir, el macho alfa y la hembra alfa. Los demás adultos y subadultos de la manada no se reproducirán a no ser que pasen a ocupar el puesto de dominante o que abandonen la manada para formar otra independiente.
La manada protege a los cachorros de la hembra dominante. Las camadas son de entre tres y ocho cachorros y la hembra dominante los amamanta aproximadamente durante un mes y medio. El macho dominante, que es el que se ha reproducido con la hembra, alimenta a la hembra durante este periodo. Después de que los cachorros se vuelvan independientes de ser amamantados, son alimentados generalmente por todos los miembros de la manada. Los ejemplares que están en esta fase se denominan lobeznos. Después como última fase inmadura se encuentran los lobatos, lobos jóvenes desde los tres meses a los dos años cuando alcanzan la madurez sexual y son ya denominados lobos.
Cada manada de lobos tiene su territorio, que marca con señales olfativas como orina y excrementos para mantener alejadas a otras manadas. Aunque solo los dos ejemplares dominantes, tanto el macho como la hembra, levantan la pata al orinar, toda la manada marca el territorio con la orina y los excrementos y, además, con los aullidos. Estas llamadas, además de servirles para comunicarse entre ellos, indican a otras manadas su posición y su territorio.
Los lobos eligen el tamaño, altura, y, en menor medida, la especie de las plantas para marcar su territorio. Pero no solo por eso, pues las señales químicas fecales o de orina tienen muchas funciones. Este comportamiento demuestra lo sensibles que son los lobos respecto a cambios en su hábitat. Las manadas no invaden el territorio de otras manadas normalmente, cuando esto ocurre, se dan enfrentamientos entre ellos ya que son animales notablemente territoriales.
El lobo es uno de los pocos grandes carnívoros que existen en la península ibérica, y como depredador, se alimenta básicamente de las presas que caza, grandes herbívoros y otros mamíferos de porte menor. La mayor parte de su dieta está compuesta por presas cazadas, aunque ocasionalmente puede competir con aves carroñeras por los restos de animales que han muerto de forma natural o por accidente, así como por restos provenientes de vertederos cercanos a núcleos de población humana. También es conocido el hábito, en determinadas estaciones, de consumir alimentos de origen vegetal tales como frutos silvestres.
Félix Rodríguez de la Fuente realizó diferentes estudios para concretar la dieta del lobo ibérico en España, y según los resultados extraídos, está compuesta por grandes mamíferos (como jabalíes, corzos, muflones, ciervos...) en un 35%, ovejas en un 24%, conejos en un 14%, ratones de campo en un 9%, carroña un 7%, reptiles y aves en un 5%, insectos y vegetales un 4%, y otros carnívoros incluyendo zorros, tejones… en un 2%. Son varias las especies domésticas atacadas por los lobos, fundamentalmente ovejas, cabras, ganado vacuno. Incluso hay reportes de que estos animales llegan a alimentarse de caballos, según ganaderos de la zona sur del Duero, o de ganaderos de la Costa da Morte en Galicia.
Si se suman los porcentajes de herbívoros, ovejas, conejos y otros carnívoros el resultado es que un 75% de la dieta del lobo entra en conflicto con intereses humanos. En una época en la que la población humana era reducida y existían aún grandes espacios abiertos, libres de la injerencia del hombre, el territorio y los recursos que sostiene eran suficientes para que ambas especies pudieran subsistir con ocasionales encuentros entre ellas. En la situación actual, en la que el hombre pretende acaparar virtualmente todos los recursos como propios, la presencia del lobo resulta insostenible, salvo en los reducidos enclaves donde el desarrollo no ha llegado todavía (es decir, donde se mantiene el equilibrio natural ancestral).

En la Península Ibérica abundan los cérvidos
salvajes y otras especies silvestres que sirven de alimento al lobo, a
diferencia de las que desaparecieron en época glaciar y las que han sido
reducidas a la domesticidad, como el caballo, la cabra o la vaca. Sin embargo,
la existencia de estos cérvidos en libertad no basta para la supervivencia del
lobo en la mayor parte del territorio, por lo que éste recurre a otras fuentes
de alimento, en gran medida provenientes de la cabaña ganadera. Si el corzo es la pieza preferida por el lobo, no
debemos olvidar el papel que juegan en su dieta los roedores y los lagomorfos
(conejos y liebres), que varía mucho según las zonas. También otros cánidos,
como perros y zorros, pueden formar parte de la dieta de un lobo ibérico, así
como tejones o incluso jabalíes, si la manada tiene la suerte de encontrarlos
solos.
El lobo también aprovecha la carroña como complemento de su dieta. Este comportamiento, no tan acusado en el pasado, está aumentando en los últimos años por las políticas de algunas Administraciones regionales de abandonar en cebaderos los restos de animales domésticos muertos, lo que, además de alterar la función trófica del lobo convirtiéndolo de depredador en necrófago, también hace aumentar la querencia del lobo por el ganado vivo.
Aunque es factible que los lobos se crucen con perros domésticos, estos híbridos normalmente son escasos y se dan principalmente cuando se encuentran ejemplares jóvenes de ambas especies, mientras que lo normal es que, cuando se encuentren lobos adultos con perros, los primeros ataquen y, si tienen ocasión, devoren a los segundos. De ahí que para la protección del ganado se recurra a perros de gran tamaño, como mastines. Además estos perros se protegen con collares dotados de pinchos llamados “carlancas” que son protecciones rígidas que se colocan a los mastines alrededor del cuello y que disponen de agujas punzantes para evitar los mordiscos de lobos.
Distribución y estado de conservación de sus poblaciones
Aunque históricamente se distribuía abundantemente por toda la península ibérica, en la actualidad se mantiene con poblaciones relativamente estables al norte del Duero, mientras que al sur su población es frágil y está fragmentada.
Las principales poblaciones se distribuyen por las comunidades de Castilla y León, Galicia, Cantabria y Asturias. También hay poblaciones más reducidas en zonas de montaña de regiones limítrofes como País Vasco, La Rioja, provincia de Guadalajara (Castilla-La Mancha) y también en el norte de Portugal. También hay algunas poblaciones en zonas de montaña del norte de Andalucía, que están aisladas de las del norte de la península ibérica, pues ambas poblaciones están separadas por la Submeseta sur, zona en la que no hay poblaciones de este animal.
Hacia 1988 se estimó que la población del lobo en España era de entre 1500 y 2000 ejemplares. En 2002 se calcularían mantendría un censo aproximado de 2000 lobos en España y en Portugal se calculaban de 300 a 400 ejemplares de lobo ibérico. Actualmente existen entre 2.500 y 3.000 lobos en España.
La presencia del lobo en España es muy desigual, mientras las poblaciones de lobo en el Sur (Sierra Morena, Sierra de Gata y San Pedro) están casi extinguidas, en el Norte (Galicia, Asturias, Cantabria y Castilla y León) el lobo ha aumentado su área de campeo y ha ido abarcando más territorio llegando a Madrid y Guadalajara. La gran población está claramente distribuida en la zona noroeste. El 93% del total se agrupan en Castilla y León, Galicia y Asturias, con algunas manadas en Cantabria y en el País Vasco. La recuperación de las poblaciones del lobo ibérico se ha consolidado en la última década hasta alcanzar las 297 manadas, de las que el 72 por ciento se han reproducido, especialmente en Castilla y León, donde la especie ha aumentado un 20 por ciento en ese periodo y hay 179 manadas, de las cuales 152 están al norte del río Duero y otras 27 al sur de este río, donde goza de especial protección de acuerdo con la Directiva de Hábitat.
El lobo en Cantabria
En 2019, según el Servicio de Conservación de la Naturaleza, se determina la presencia probable de 23 manadas en toda Cantabria, de las cuales se consideran seguras 19, y ocho de ellas son compartidas con provincias limítrofes (dos con Asturias, una con León, tres con Palencia y dos con Burgos) y un tamaño de población estimado de 171 ejemplares. Unas cifras que suponen un incremento significativo respecto al último censo de la especie realizado por el Gobierno regional en 2015 y que establecía la presencia de 15 manadas.
La mayor parte de ellas en la zona de la Reserva del Saja, Picos de Europa, Campoo y, en general, en la zona sudoeste de la provincia.
Problemática de su
gestión y conservación
Los principales problemas con los que se enfrenta esta especie en España son:
- El incremento de la presión humana sobre el hábitat del lobo, con la desaparición continuada de zonas apartadas en las que la especie ha prosperado tradicionalmente.
- Los incendios forestales, que, tanto de forma natural o accidental como provocada, asolan los bosques españoles y suponen una reducción de los hábitats naturales de la fauna en general, y sobre todo de los grandes mamíferos que encuentran enormes dificultades en la conquista de otros territorios de alimentación y refugio.
- La competencia con los intereses de ganaderos y cazadores y, en ocasiones la caza ilegal.
- El impacto que las grandes infraestructuras, principalmente autopistas y vías férreas, producen en las áreas de distribución del lobo, actuando como verdaderas barreras que aíslan grupos poblacionales y producen atropellos de forma permanente.
La Directiva Hábitats de la Unión Europea, aprobada en mayo de 1992 y adoptada por la legislación española en diciembre de 1995, establece que la población del lobo al sur del Duero debe ser considerada especie de interés comunitario de carácter prioritario y para cuya protección es necesario designar zonas especiales de conservación. Esto ha provocado la tardía reacción de los gobiernos de Castilla-La Mancha y Andalucía, que consideran al lobo como especie estrictamente protegida y han establecido un sistema de indemnizaciones para subsanar los daños producidos por sus poblaciones, extinguidas en estas zonas.
Sin embargo, dada la situación de la especie al sur del Duero el lobo ibérico está catalogado como especie vulnerable en el Libro rojo de los vertebrados de España, y como especie casi amenazada en el Atlas de los mamíferos terrestres de España.
En Cantabria se tramitaron 1.193 expedientes por daños de la fauna silvestre al ganado en 2018 y casi 2.000 cabezas de ganado resultaron afectadas en los once primeros meses de 2019 por ataques de fauna silvestre, por los que el Gobierno recibió en ese periodo 1.220 reclamaciones de indemnización.
Según la información aportada por el Ejecutivo regional, la mayor parte de las cabezas de ganado afectadas —1.799 del total de 1.997 dañadas– fueron víctimas de ataques de lobo. Concretamente, éstos afectaron a 725 reses de ganado ovino, 501 de equino, 423 de bovino y 150 de caprino, lo que suman esa 1.799.
En Cantabria el lobo es una especie cinegética cuya caza está regulada mediante la Orden MED/5/2019, de 28 de Marzo, por la que se aprueba el Plan de Gestión del Lobo en Cantabria, se consideran especie cinegética de la que se permite el control poblacional en planes anuales de caza en la Reserva Regional de Caza de Saja, y en las Órdenes Anuales de Caza. Esos controles de población se efectúan en terrenos de aprovechamiento cinegético común (Reserva Regional de Caza de Saja) y privados (cotos de caza). Los controles se efectúan, indistinta y combinadamente, con participación de personal de la administración (agentes forestales) y de cazadores autorizados.
Así, para la temporada 2019/2020, se permite que se abata el 20% de los ejemplares de la Comunidad Autónoma, por lo que se estableció un cupo de 34 lobos abatibles, desglosado en 28 ejemplares, para cazadores durante la temporada hábil cinegética, y 6 lobos, para ser abatidos por personal de la administración en acciones de control por daños a la ganadería.Orden MED/5/2019, de 28 de Marzo, aprueba el Plan de Gestión del Lobo en Cantabria
La caza de ejemplares de lobo podrá hacerse mediante la actividad cinegética ordinaria durante las batidas de jabalí o mediante actuaciones realizadas por el personal de la Dirección General de Biodiversidad, Medio Ambiente y Cambio Climático. En concreto, 28 de los 34 podrán cazarse durante las batidas de jabalí que se desarrollen durante la temporada cinegética ordinaria, tanto en la Reserva Regional de Caza Saja como en los cotos de caza que se indican en la resolución. En dichas batidas se permitirá abatir un ejemplar de lobo en cada una de ellas hasta que se alcance el cupo autorizado para cada grupo de lotes de la Reserva Regional o de cotos.
En los lotes de la Reserva del Saja incluidos total o parcialmente en el Parque Nacional de los Picos de Europa computarán para el número máximo de ejemplares autorizados aquellos que pudieran ser abatidos dentro de los municipios de Asturias y León limítrofes con dichos lotes.
Una vez alcanzado el número máximo de ejemplares autorizados para cada grupo de lotes o cotos, la posibilidad de abatir ejemplares de lobo requerirá autorización específica y motivada de la Dirección General, según lo dispuesto en la orden por la que se aprueba el Plan de Gestión del Lobo en Cantabria.
La resolución fundamenta la autorización de caza en la evolución poblacional de la especie, "que requiere de medidas de gestión de sus poblaciones, teniendo en cuenta la evolución de los daños a la ganadería en Cantabria", y considerando la movilidad de los grupos familiares de lobos, según el informe técnico del Servicio de Conservación de la Naturaleza.
Esta medida responde al "incremento notable" de la población de esta especie en los últimos años en los que la extracción por caza se ha mantenido y se han incrementado los daños ocasionados por el lobo a la ganadería.
También, por la presencia cada vez mayor de ejemplares y grupos familiares incluidos en las zonas 2 y 3 del Plan de Gestión, zonas no adecuadas para su supervivencia y que se caracterizan por la ausencia prácticamente total de ganadería extensiva, escasas presas silvestres y un alto grado de humanización del medio.
Los animalistas, evidentemente, han aplaudido la prohibición de la caza del lobo. Entre los movimientos animalistas al respecto destaca, como siempre que se trata del lobo, Lobo Marley, con Luis M. Domínguez a la cabeza. La verdad es que a veces parece que tiene razón, como cuando afirma que los lobos ibéricos no se expanden más porque se están matando y por tanto no hay manadas nuevas en expansión. Pero claro, no tiene en cuenta que el lobo sí se está expandiendo pero lo que no hay son hábitats adecuados y no se asientan. En todo caso es evidente que no consideran la realidad social que implica al lobo, aunque empezaron siendo mas conservacionistas y aparentemente siguiendo criterios científicos (se definían como "un movimiento ciudadano en apoyo del mundo rural donde se asienta el lobo"), pero se ha radicalizado de un modo lamentable. De hecho lo cierto es que sus últimos comentarios sobre Félix Rodríguez de la Fuente son de vergüenza ajena. No quiere recordar que fue él quién logró sacar al lobo de la amenaza de extinción en este país al conseguir convertirlo en especie cinegética cuya caza debía ser controlada, en vez de ser considerado una amenaza que debía ser exterminada.




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